Reto personal: Spartan Race Súper

Un año atrás, recién acabada la Spartan Race Súper de Madrid con una inesperada 156ª posición de entre más de 3200 corredores, me planteé un nuevo reto: Entrar al siguiente año en la meta entre los 100 primeros clasificados. Y me puse a trabajar en ello.
Entonces, mi entrenamiento constaba de diferentes actividades, entre ellas: musculación (4 veces por semana), clases de pádel (2 veces por semana), running (1 vez por semana), algún que otro partido de fútbol 7 al menos una vez por semana y bici de montaña. Y, al hacer de todo un poco y con el objetivo a tan largo plazo, durante el verano me costó más de la cuenta encontrar el camino hacia el objetivo, por lo que llegado septiembre cambié la musculación por el Crossfit y dejé el running y la bici por una temporada. Encontré el deporte de mi vida, me hacía mejor en los demás deportes que seguía practicando por la resistencia que estaba ganando, además de seguir manteniendo la forma en cuanto a la musculación. Además de conseguir de nuevo que cada mañana me levantara con unas ganas tremendas de ir a entrenar.
El 1 de enero, como todo gran comienzo, me apunté a la Spartan Race Súper, que consta de 13km de carrera por montaña y unos 26 obstáculos. Me veía con fuerzas de afrontar el reto de entrar entre los 100 mejores y me inscribí para ponerme serio con el objetivo. Iban pasando las semanas y cada vez incrementaba más las horas semanales dedicadas al Crossfit, dejando un poco olvidado el running, tanto que no salí a correr hasta dos semanas antes de la competición.
La verdad es que me asustaba correr en la categoría «Competitive» y no poder dar el nivel por centrarme tanto en Crossfit, pensaba que el evento se me quedaría grande y que no podría lograr el objetivo. Así que decidí olvidar el reto para no presionarme y encarar la carrera sólo y exclusivamente como disfrute personal.
 

Cómo afronté mi Spartan Race Súper

 
Día de la carrera
7:07h. Suena el despertador después de 9 horas  de descanso. Estoy nervioso y ansioso por empezar la carrera. Desayuno un batido de frutas (fresas, plátano, manzana, kiwi, nueces y 30g avena) y unos 100g de pavo.
9:00h. Ya en San Agustín de Guadalix, el lugar del evento, me preparo para la prueba haciendo algunos calentamientos. Una vez sobre el terreno los nervios se van.
9:15h. La prueba empieza con el ya mítico grito de «Espartanos, ¿cuál es vuestro oficio?». Y salimos escopeteados.
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El inicio de la carrera fue difícil para mí, ya que de los 150 que salíamos en el cajón de las 9:15, rápidamente me quedé entre los 10-20 últimos espartanos. Todos salieron a un ritmo que yo no podría aguantar por mucho tiempo, así que decidí ir a mi ritmo sintiéndome cómodo.
Poco a poco fuimos superando pruebas y restando metros hasta la meta, me iba encontrando mejor de ritmo y forma y no dejé de adelantar a espartanos durante el recorrido, hecho que alimentaba mi motivación y me daba fuerzas para seguir a por el siguiente corredor. Logré superar a los rivales en las fuertes pendientes, bajaba como una gacela las cuestas abajo (buena parte de la culpa la tienen mis Reebok All Terrain Super, que me permitían agarrarme a la perfección, a la vez que me daban una agilidad bestial gracias a su ligereza) y superaba las pruebas a la primera (incluso en las que pensaba fallar, como el slackline o el lanzamiento de jabalina), por lo que la adrenalina se apoderaba de mí y el agotamiento pasaba a un segundo plano.
Llegó un momento en el que empezaba a notar molestias musculares y, pensando que iríamos por el kilómetro 8 o 9, pregunté a uno de los voluntarios del recorrido para saber cuándo tomarme el gel: «Ya vas por el 12», me dijo. No me lo podía creer, no necesitaba el gel, estaba a 1km. de la gloria y decidí «esprintar» de la alegría, aceleré el ritmo para sacar esos segundos que había aguantado anteriormente.
 
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Los últimos metros son pura adrenalina. No importan ni el barro bajo el alambre de espino, ni el muro mojado, ni las llamas. Llegas a meta como un auténtico «Spartan Finisher» y te engulles en segundos lo que te dan, en este caso: un plátano, agua de coco, dos botellas de agua mineral y una barrita proteica de 226ers.
 
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Horas después, recibí un e-mail de la Spartan. Había quedado en 4ª posición, cuar-ta, no podía creérmelo. ¡23 minutos menos que el año anterior! En la misma prueba y prácticamente el mismo recorrido, la progresión había sido realmente buena de un año para otro. El entrenamiento de Crossfit había dado resultado. Desde entonces sigo con una media sonrisilla a cuestas de arriba a abajo, motivado para seguir cumpliendo retos y con más ilusión que un niño el día de Reyes.
Si te surge alguna duda o pregunta sobre los entrenamientos, la prueba…, anímate y compártelo en los comentarios de este post.
 
¡Gracias por leerme! Nos vemos pronto 🙂
 
 
 

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